Mujer guerrera, madre de familia. Hoy en día con una vida ya formada, Rosa Emilia Gómez más conocida como “La Negra”, enfrenta con alegría a las adversidades.
Todo aquel que se contacte con ella diría que es una mujer a la que la vida le sonríe. Vive en uno de los barrios más codiciados de la provincia, Lomas de Tafí (ubicado en Tafí Viejo, al oeste de la diagonal Leccese de acceso a este municipio). Tiene un trabajo estable, es empleada municipal del departamento tribunal de faltas, sito en calle Jujuy 259, San Miguel de Tucumán.
Casada con José Orlando “Piguyi” López hace 29 años, madre de dos hijos, Yanina Alejandra y Cristian Orlando.
Tiene su casa como a ella le gusta, abierta, con un jardín en frente al aire libre ya que detesta el encierro. Le gustaría tener una media sombra que cubra a sus plantas pero ya sería demasiado el aislamiento de la sociedad, le encanta observar gente pasar por su casa. No podría vivir enrejada sin mirar lo que sucede allá afuera.
Hasta aquí es todo color de rosas, o cala amarilla (planta favorita de Emilia), pero su historia no comienza en el sector 19, manzana 28, casa 3 de Lomas, ni tampoco termina allí. Todo comenzó algún tiempo atrás, en La Trinidad, Comuna Rural situada en el departamento Chicligasta de la provincia hace cuarenta y ocho años.
Nacida del vientre de Ramona Orona, pero por razones de la vida no es a quien siente como su verdadera madre. Criada por su abuela paterna Blanca Sara Sosa, a quién ella considera y quiere como su mamá.
Hermana de otras tres mujeres más, Blanca Sara Gómez (46), Patricia (44) y Paola (42); pero lo particular es la separación de su gemela, María Rosa Arce, hace 48 años. La pregunta es ¿Por qué lleva otro apellido María si es su gemela?
Apenas nacieron fueron alejadas, Ramona (así llama a su madre biológica Emilia) ya tenía decidido "darla" antes del nacimiento, y dice "darla" porque no sabía que eran dos las que vendrían.
En aquella época no se hacían ecografías y sumado a que Ramona y Ricardo (padres) eran muy chicos, nadie podía saber que eran dos niñas las que estaban en camino. ¿Una con suerte y la otra no?
-¿Por qué las alejaron? "Nos separaron porque el matrimonio que la llevó quería una sola", admite Emilia.
-¿Qué pasó con vos? “Estuve en la maternidad hasta los cinco meses donde mi abuela fue a buscarme, nunca supe el porqué de este tiempo”.
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| LAS HERMANAS SEAN UNIDAS. Emilia y María juntas nuevamente. |
Así inicia una historia que desencadena en una tarde soleada pero fresca, clima loco, tiempo raro dirían los habitantes de Lomas de Tafí mientras sacan sus sillas a la vereda para tomar mate y compartir tiempo con la familia y los vecinos.
“La Negra” no se queda atrás, lleva su mesita cuadrada blanca al patio, pone a hervir el agua hasta el momento exacto donde comienza a salir el vapor de la pava eléctrica.
¿Budín o pan con dulce?, se escucha el grito de Emilia que le pregunta a José con qué tomaría el mate cocido. “Piguyi” termina eligiendo el pan con dulce, y claro era obvio, si “La Negra” le parte por la mitad dos panes generando un total de cuatro porciones.
Mate azul en mano y con su sonrisa típica, ya sale ella con todo listo para matear con sus visitas. “Siempre hay alguien en mi casa. A veces vienen mis sobrinos a los que quiero como hijos”.
El agua no muy caliente y el mate endulzado con edulcorante líquido, típico ya que su marido es poseedor de diabetes.
Su bebé, Cristian, se las “Rebusca” lavando autos en su casa. Ella lo mira y admira como toda madre a un hijo, pero muy orgullosa ya que ve el esfuerzo y la perseverancia de él al momento de cumplir con su labor.
Quizás se siente identificada, se ve reflejada cuando era una niña. De infancia y adolescencia dura ya que aparte de haber sido alejada de su gemela al nacer, Emilia fue criada por su abuela paterna debido a que un día luego de una discusión entre sus padres, su mamá decidió irse de casa y desde allí no volvió a tener algún tipo de contacto con ella. Es por esta razón el gran amor que siente para con su “Lela”.
Su abuela la mantuvo económicamente hasta donde más pudo ya que era costurera, pero llegó un momento en que el bolsillo apretaba como aquel cinturón que ya nos queda chico y no hay otra opción que buscar uno nuevo, bueno Emilia tuvo que salir a trabajar, a ganarse su dinero, su vida.
Seguía viviendo bajo el mismo techo de Blanca, pero con apenas catorce años “La Negra” ya se paraba en la hoy peatonal Mendoza, por aquel entonces era calle. Siempre estaba sola en frente de lo que hoy es Tienda San Juan, fue su tío el que la llevó a trabajar allí vendiendo medias, ojotas, juguetes, etc. Todos los días estaba en el mismo lugar desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche, por eso tuvo que abandonar sus estudios secundarios en la escuela técnica. Terminar el secundario es una asignatura pendiente de Emilia, a veces siente que debe hacerlo y otras cree que ya no, que ya está grande para coger de nuevo los libros.
Por cosas del destino, los caminos de la vida decidieron llegar a un punto en común con su gemela María.
Una tarde se bajaron de una camioneta un hombre y una mujer, eran hermanos de Ramona, sus tíos. Estos le dijeron que su mamá quería conocerla pero ella se negó, solo quería verla a su hermana, a nadie más.
Uno de los problemas que tuvieron es que en aquel entonces no tenían los medios de comunicación que existen hoy, “Un día me trajeron una carta de mi gemela donde me decía que me quería conocer pero no quería venir para aquí porque tenía miedo de que vaya alguien más de mi familia”. Emilia tampoco quería ir a Concepción ya que no quería cruzarse con Ramona, le propuso encontrarse en el centro de la capital pero María lo rechazó.
Dieciséis años tenía la negra en ese momento, ella era soltera pero María ya estaba casada. En todo coinciden, su marido también se llama José y su primera hija nació en Septiembre de 1995 y Cristian (hijo menor de Emilia) en Agosto del mismo año.
Dicen que las gemelas sienten lo mismo, sufren por lo mismo, tienen los mismos gustos, cosas que Emilia nunca pudo comprobar pero que sin dudas le generaba y genera intriga hasta el día de hoy.
“Yo era niña y pensaba ¿Ella sentirá lo mismo?”, esa pregunta revela la necesidad de haber estado con su gemela durante todos estos años.
Llegó el momento tan esperado en toda niña, el paso a ser señoritas, las quince primaveras, los quince años. La fiesta, el vals, el vestido, todos deseos que nunca podrá cumplir. El día de su cumpleaños pensaba y se preguntaba si su hermana tenía para comer, si lo estaba festejando, ya que Emilia tenía su propio dinero, “No me sobraba la plata pero yo la laburaba para mí y la disfrutaba”. María por su parte nunca trabajó, es catequista y desde que se casó a sus dieciséis años siempre fue ama de casa.
La historia de su vida o lo que ella conoce de esta lo sabe gracias a su abuela, ella le enseñó todo, y una de las cosas que siempre le recalcó es que ella no tiene que juzgarlos a ninguno de los dos, haciendo referencia a sus padres, porque eran muy niños y solo ellos saben el porqué de la situación.
La separación y la crianza por separadas hizo que tengan versiones distintas. María creía que a Emilia la había adoptado otra familia. Nunca supo que ella vivía con su abuela y su papá. Solo en una cosa coinciden, en que “La verdad se la llevó la Ramona”. Además a esto hay que sumarle que Emilia jamás hablo del tema con su padre.
Su mamá tuvo otra pareja y tres hijos más, su papá también formó otra relación con una mujer pero no volvió a tener hijos.
A su hermana gemela siempre la quiso conocer pero jamás se le cruzó por la cabeza buscar a su madre u otro familiar como en aquel programa de televisión llamado “Gente que busca gente”, al que por cierto detesta, cree que no se puede sentir nada por alguien a que no conoce.
Si hay algo asombroso son las vueltas que da la vida, recuerda que su abuela le daba dinero a su mamá para que se vaya a Concepción a “Robarla” a su propia hija. “Mi abuela no quería ir por temor a quedar detenida pero como la Ramona era su mamá nadie le haría nada”, recuerda Emilia que su abuela le decía. Esto fue confirmado en el reencuentro con su gemela, quien dice recordar aquella situación y que su madre adoptiva la escondía para que Ramona no pueda quitársela.
“No vuelvas si no volvés con la gemela”, “La Negra” repite la frase de su abuela entre risas como si se tratara de una travesura de niños. En ese momento teníamos seis años, si la traía seguramente mi abuela la criaba, nos criaba juntas.
Emilia cree que su hermana se llevó la peor parte a pesar de haber sido la bebé adoptada y no la dejada en la maternidad durante cinco meses a la deriva. “Yo aquí la tenía a mi abuela, a mis otras hermanas, aunque una se haya ido al sur”. Situación esta que recuerda sucedió cuando Patricia cumplió quince años se fue a Concepción en búsqueda de su mamá.
De Patricia nunca más supo nada tampoco pero ya hubo un contacto y quedaron en reencontrarse las cuatro hermanas y así poder conocer sus hijos y nietos, que son bastantes en “La conejera”, así define Emilia a su familia ya que son varios los hijos de cada una de sus hermanas.
Volviendo al tema de que su gemela se llevó la peor parte, deja bien en claro que ella no sintió falta de cariño materno porque su abuela se encargó de brindarle, es más, fue la mal criada de la familia ya que las otras dos nietas que tenía en esa época Blanca, vivían en Buenos Aires.
El amor, cariño, acompañamiento por parte de su “Lela” y la frase “No debes juzgar a ninguno de los dos” no fue suficiente para borrar el dolor que siente Emilia al haber sido dejada por su mamá.
"Yo cuando quedé embarazada y tuve a mi hijo, no la perdoné", declara con un nudo en la garganta como tragando bronca o quizás angustia al admitir que en ese momento ella sintió lo que es ser madre y no querer separarse nunca de su hijo, por esta razón no logra comprender ni perdonar a Ramona, su madre.
Durante el parto de su hija fue la única vez que derramó una lágrima al pensar en su mamá. En ese momento se convenció de que si alguien le toca un hijo lo mata.
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| HERMOSO. El primer abrazo entre las gemelas. |
Aquel que la conoce dice que Emilia es una chispita de alegría, a pesar de todo lo que le pasó siempre le busca el lado bueno a las cosas, todo lo que tiene lo obtuvo con mucho sacrificio. A todo le pone una sonrisa, a “La Negra” la veras siempre feliz, es un ejemplo de mujer, de lucha, de que no hay que bajar los brazos a pesar de los golpes que te da la vida. Sin dudas el más duro de estos fue la partida física de su mamá del corazón, su abuela Blanca hace ya doce años cuando esta tenía ochenta y cuatro años
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“La vida que tenía esa mujer fue increíble, tuvo que cargar con sus cuatro nietas y con un marido que sufría de una adicción al alcohol que lo llevaría a una temprana defunción con tan solo cincuenta años, aún así planificó todo, hasta su muerte. Esperó a que llegara su hijo de Buenos Aires para partir, pero antes de esto se despidió de todos, a uno por uno les dijo unas palabras en el patio de su casa”.
Al hablar del fallecimiento de su abuela es el único momento donde se borra esa sonrisa del rostro de Emilia, retiene el llanto por esa dureza que la caracteriza pero su voz y sus manos inquietas la delatan. Hasta el día de hoy extraña a Blanca y sufre por su partida.
Si hay algo, o mejor dicho alguien que puede ayudarte a salir de una situación desfavorable sin dudas es un amigo, un amigo es una luz, pero uno verdadero. En la vida se cruzó con muchas personas, algunas dijeron ser amigos/as pero no se comportaron como tal, ¿Otro golpe para “La Negra”?. ¡No! Porque tiene a quien ella considera una gran persona, una hermana de la vida. Ceferina González “La Carmencita”, compañera de trabajo en el Tribunal de Faltas.
Ella si se portó como una verdadera amiga, en ella puede confiar y contarle sus problemas, sus cosas buenas y malas.
Con ella comparte cosas lindas como ir a zumba. Los lunes y miércoles a las 21 y jueves a las 21.30. “Carmencita” ahora la dejó sola en el gimnasio ya que no está asistiendo al mismo, pero esto no la detiene. Son las 20 y Emilia ya se prepara con su conjunto negro y su botella de agua para partir a las clases.
El amor de mucha gente le permitió a “La Negra” ser la clase de persona que es hoy y ponerle “Una sonrisa a las balas”. Así fue transcurriendo su vida hasta que llegó el momento tan esperado, uno de los más felices.
El 28 de Octubre del corriente fue el día en que las gemelas volvieron a juntarse después de 48 años, siente como si fuera una ironía de la vida ya que considera que fue Ramona fue quien las juntó ya que el contacto con su hermana lo tuvo en el momento que María sufrió un ACV (accidente cerebro vascular) debido al fallecimiento de su madre, sus sobrinas se comunicaron con ella para informarle la situación.
La desesperación en ese momento fue muy grande ya que no podría permitirse no conocer a su hermana, intentó ir a verla cuando estaba internada pero esto fue rechazado por el médico que la atendía ya que consideró que María no estaba en condiciones de recibir una emoción tan grande, por ello después de que le dieran el alta médica tuvo que realizar una rehabilitación y recién pudieron reencontrarse.
“Las hermanas sean unidas”. Ahora que la conoció Emilia se siente muy emocionada, quiere tenerla más cerca, verla más seguido, ir a conocer su casa, su mundo allí en el sur de la provincia, en “La Perla del Sur”.
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| HASTA LA PRÓXIMA. Las hermanas se despiden ansiosas por volverse a ver. |
Emilia entiende que toda esta ansiedad debe manejarla con cautela ya que su historia es bastante fuerte, pasó mucho tiempo, mucha agua bajo el puente y hay que ir de a poco, es consciente de esto.
Su hermana prometió volver antes de los festejos de navidad y año nuevo una vez que nazca su nieto Tomás, hijo de Estefanía.
María le confesó que se sintió bastante cómoda, encajó rápido en la familia y también está ansiosa por compartir más cosas y conocer más detalles de su gemela ya que fueron muy pocos los momentos a solas que tuvieron hasta aquí porque todos quieren estar presentes, verlas juntas, les preguntan cosas, algo lógico que suceda en una situación tan emocionante como encontrarse con un familiar que te separaron en contra de tu voluntad luego de 48 años.
“Vino mi sobrino que es como mi hijo y ya le decía tía”, Emilia lo cuenta con una sonrisa y un amor reflejado en sus ojos ya brillantes.
La familia completa no sabe de este reencuentro, su papá todavía no está enterado de tal situación, van a ir de a poco para no entorpecer nada ni apurar las cosas, se hará todo a fuego lento como se cocinan los mejores platos.
Emilia hoy ve la vida con otros ojos, todavía no pudo consultarle a su gemela si sufren por las mismas cosas o gozan por lo mismo pero hay algo que tienen en claro ambas, “Lo que pasó ya pasó, ahora vamos para adelante”.







